sábado, 5 de diciembre de 2015

PLUMA BLANCA

En Macedonia, territorio de la Grecia Antigua, vivía una bella joven. Su nombre era Amarilis. 
Mimada por su familia, obtenía cuanto ella codiciaba. De temperamento alegre, aunque vanidosa y rebelde.
Odiaba a su madre por ser la dueña del amor del hombre que ella deseaba en secreto: su padre.
Ardía por pasar una noche con él. Este sentimiento incestuoso le devoraba las entrañas.
Cierto día, aprovechando la ausencia de su madre y la borrachera de su padre, se metió en la cama de éste. El hombre se encendió al contacto de la piel tersa y pensando que era su mujer, la amó con pasión.
A la mañana siguiente, al descubrir a su hija durmiendo a su lado, estalló en cólera y quiso matarla.
Amarilis, entre lágrimas de vergüenza, imploraba perdón. El padre, sordo a las súplicas, tomó una daga con la intención de cercenar los sentimientos enfermizos de la que había sido la niña de sus ojos.
Atenea, diosa omnipresente, compadecida de la trágica escena, detuvo la mano filicida y como castigo, convirtió a la infeliz doncella en un gran búho de blanco plumaje. Con voz melodiosa dictaminó:
"Desde ahora evitarás la luz que descubrió tu crimen. La noche será tu reino hasta que tu culpa sea purgada. Una misión te encomiendo, proteger almas inocentes de la cruda realidad".

Siglos después...
En una humilde aldea perteneciente al reino de Essex, Gran Bretaña, el sol asomaba vaticinando una jornada fecunda. La cosecha sería espléndida, las mazorcas esperaban ansiosas en los surcos ser recolectadas por las manos callosas y ásperas de los labriegos que con tanto esmero las habían cuidado. De la cosecha dependía el bienestar y el progreso del pueblo. Los impuestos eran altos, pero ese año saldrían adelante. La esperanza embargaba a tosas las familias.
En una casa, un tanto apartada del pueblo, una mujer daba a luz. El marido le tomaba la mano y con un paño húmedo le refrescaba el rostro. La comadrona la alentaba a pujar, pero ella ya no tenía fuerzas.
En la modesta cocina, un muchacho esperaba nervioso la llegada del nuevo integrante.
_ ¡Nació! _ gritó jubiloso cuando escuchó el llanto.
Se inquietó cuando pasaban los minutos y su padre no salía de la habitación. Intentó entrar, pero la vieja comadrona se lo impidió.
_ ¿Qué sucede? _ preguntó perturbado, algo había salido mal, estaba seguro.
_ Tu madre no ha resistido el parto. Murió _ expresó turbada.
_ ¡No, mi madre, no!_ y cayó de rodillas llorando amargamente.
En ese momento, como si el cielo compartiera la pena del muchacho, se desató una funesta tormenta. El inesperado temporal aniquiló la mitad de la siembra que vaticinaba una próspera cosecha..
Al correrse la voz sobre la muerte de la parturienta, los campesinos, dominados por la superstición, lejos de entristecerse por la noticia culparon al desafortunado nacimiento por los destrozos provocados por la borrasca.
Con el tiempo, también se supo que la criatura había nacido con una malformación en la piernas que le impedía caminar normalmente. Esto agravó el malestar que la gente sentía hacia aquella familia, a la que marginó cruelmente.
Desgracia que ocurría en el condado, se le atribuía al niño deforme que había nacido en la noche del diablo.
Pasados algunos años, el panorama empeoró aún más cuando estalló el rumor de que el niño era además, mudo.
Gareth, el hermano mayor, quedó al frente de la granja cuando su padre falleció de tristeza poco después de su mujer.
Demostrando una admirable entereza, el joven de apenas dieciséis años, trabajó con ahínco para que nada le faltara a su pequeño hermano, a quien amaba y protegía de los insultos y burlas de los vecinos.
Sólo una vez fueron al pueblo y nunca más lo hicieron. En esa ocasión fueron agredidos y vilipendiados.
Algo atormentaba a Gareth. Todos los jueves debía viajar hasta un pueblo que distaba varios kilómetros de su casa para vender en la feria del lugar los productos de la granja, ya que en su propio pueblo era imposible. El problema era el inquieto Grimm, su hermanito. No podía llevarlo con él ahora que con tres años se desplazaba de un lado a otro gracias al par de muletas que le había fabricado. Debía vigilarlo constantemente para que no se metiera en líos y eso le dificultaba las ventas.
A Gareth le divertía verlo persiguiendo a los gansos. La risa de Grimm, era melodía para su alma. Su único deseo era que su hermanito fuera feliz, que la maldad no lo dañara.
Una tarde, en que el cielo se cubrió de nubarrones, llegó a su hogar una joven de increíble belleza. Menuda, pero de curvas armoniosas. Su cabello, plateado como luz de luna, lo tenía sujeto en una larga trenza que pendía en su espalda. Sus ojos, grandes y de un celeste tan cristalino que Gareth podía ver su imagen reflejada en ellos. Y, ¡la boca!...una fresa madura pronta a degustar. Gareth la contempló embobado sin notar el aura de sombras que la envolvía. Aturdido, pensó que era una ninfa fugada del bosque.
_ Me enteré que necesitas una niñera _ le dijo sin vueltas.
_ ¿Cómo lo sabes? No se lo he dicho a nadie _ le contestó perplejo.
_ Simplemente lo sé. Mira, mi abuela está enferma y me urje trabajar. Soy hacendosa y responsable. No me conoces, pero te aseguro que cuidaré con mi vida a tu hermano. Conmigo nada le sucederá, confía en mí.
Gareth se encontraba en una encrucijada. ¿Qué hacer? Nunca la había visto, había aparecido como por encanto de magia. Y él que desconfiaba de todos, confió en ella.
_ Veremos como le caes a Grimm, es un niño especial. Si él te acepta haremos trato.
El pequeño inmediatamente congenió con la muchacha. Ella lo tomó en brazos y llenó de besos su carita sucia de azúcar morena.
_ Entonces no se hable más, ¡estás contratada!
Grimm, aplaudió divertido.
_ Pero todavía no me has dicho tu nombre.
_ Amarilis, me llamo Amarilis
Desde entonces las cosas mejoraron para Gareth. Sus ventas aumentaron, el asedio de sus vecinos disminuyó, su casa estaba en orden gracias a la tarea eficiente de Amarilis y lo más importante, Grimm disfrutaba de la presencia de su niñera que lo cuidaba con devoción.
Amarilis llegaba a la casa de Gareth al amanecer y antes de que apareciera la luna se despedía de ellos.
Lo extraño fue que desde la aparición de la joven, todos los días fueron grises. El gran ausente fue el sol.
Una noche, un ulular grave y constante, sacudió el profundo sueño de Gareth. Bostezando se asomó a la ventana y en una rama alta del anciano tejo que crecía en el frente de su casa, vio asombrado a un gran búho blanco.
Las palabras de su madre resonaron en su memoria: "El búho es el protector de las almas inocentes. Es mentira que sea un mensajero infausto. Esa es una creencia de gente ignorante".
Con una sonrisa volvió a la cama. Desde aquella noche, el búho no los abandonó.
El día, como ya era una costumbre, amaneció nublado, se presagiaba lluvia. Igualmente Gareth partió hacia la feria dejando a Grimm al cuidado de Amarilis.
Con una dulce canción sobre hadas y dragones, hizo dormir al pequeño bribón que se resistía a cerrar los ojos. Lo dejó bien arropado en su camita y se dispuso a cerrar las ventanas pues se había desatado un fuerte viento.
La sobresaltó un alboroto, un griterío que se aproximaba. Los divisó a lo lejos, se aproximaban con palos y antorchas. El miedo la inmovilizó, pero fue por un instante. Sobrepuesta trancó la puerta. Tomó al pequeño que dormía plácidamente y lo escondió en el sótano, al que se accedía por una trampilla oculta debajo de la cama.
Cuando volvió a asomarse, ya estaban muy cerca. Debía resistir hasta el regreso de Gareth.
Ya estaba anocheciendo, ¿qué haría?..."Atenea, que nada le suceda a Grimm, te lo suplico, que esos bárbaros tomen mi vida por la de él", rogó angustiada.
_ ¡Queremos al niño! _ aullaron desaforados _ Danos al niño y a ti nada te sucederá. _ le mintieron.
_ ¿Es que no tienen piedad? Es un alma inocente que no ha hecho ningún mal _ las lágrimas la oprimían.
_ ¿Inocente? Es un engendro del demonio, ¿no has visto sus piernas? Se parecen a las del macho cabrío, imagen de satanás. Seguramente el mismo Lucifer le anudó la lengua. Hoy mismo lo mataremos, estamos hartos de las desgracias que han caído sobre nosotros desde su natalicio. ¡Vamos!, danos al niño.
_ ¡Nunca! Todo lo que dicen son estúpidas supersticiones _ les gritó desde la ventana.
La luna se asomó con su cortejo de estrellas y Amarilis cambió su aspecto, la etérea joven se transformó en un gran búho blanco.
La multitud enardecida impactó dentro de la casa. Cuando vieron al búho, se paralizaron.
_ El hijo del demonio tiene por guardían al búho, compañero de brujas. Matémoslo a él también.
El búho batió sus alas con furia y con presto vuelo se abalanzó sobre ellos emitiendo sonidos desgarradores.
Los hombres no se amilanaron. Uno de ellos tomó aceite de una repisa y lo derramó sobre el ave. Su intención era quemarlo, pero era tal la velocidad del vuelo que no lo consiguieron.
Amarilis atacaba con sus garras afiladas y con su pico, no les daba tregua; consiguió sacarlos de la casa, una victoria insuficiente.
Ellos eran muchos y muy fuertes. Finalmente la capturaron y la clavaron a la puerta, siendo fieles a la tradición que dictaba que de esa manera se rompía el sortilegio demoníaco.
_ ¡Ave maligna y execrable! ¡Muere, muere! _ arengaban desaforados_ Incendiemos la casa, terminemos con todos.
Crueles, arrojaron las antorchas sobre el techo de paja que de inmediato comenzó a arder.
Lágrimas de sangre se deslizaban por el plumaje del búho, que clavado por sus alas y patas, lloraba su impotencia.
De repente se desató un tremendo temporal que ahogó las llamas. La Tierra, encolerizada por la maldad y la violencia, abrió sus fauces y con apetencia, tragó a los agresores. Unos pocos se libraron del castigo. Huyeron espantados jurándose no volver a molestar al niño.
Al amanecer llegó Gareth. Justo ese día, el puente que atravesaba el lago Serpentine, se había derrumbado obligándolo a tomar un camino mas extenso.
El pánico se apoderó de él cuando localizó al búho blanco, su guardián nocturno, clavado en la puerta. Saltó de la carreta y se apresuró hacia la entrada de su casa llamando a Amarilis y a Grimm con desesperación.
Se detuvo ante el búho y su corazón se quebró de pena. Cuando pasó su mano por el níveo plumaje, un milagro sucedió frente a su atónita mirada. El grácil búho se transformó lentamente en la dulce Amarilis.
_ Grimm, abajo...en el sótano...a salvo. ¡Búscalo!
_ ¡Cómo es esto!, no lo entiendo...tú, el búho...
_ No hay tiempo para explicaciones, ve por tu hermanito_ le suplicó agonizante
.
_ Has dado tu vida por defenderlo...¿cómo agradecer tanta generosidad? _ dijo consternado.
_ Soy yo la agradecida _ apenas podía hablar _ Tú y Grimm, me han abierto las puertas de la Luz. Mi deuda está saldada. No pierdas tiempo conmigo, ve por Grimm.
Gareth intentó quitar los clavos de sus delicadas manos, pero un grito lastimoso lo frenó.
_ Déjame, ve por Grimm _ repitió desfalleciente.
Gareth lo encontró todavía dormido. Lo abrazó con fuerza y lo cubrió de besos.
_ ¿Amarilis?, ¿dónde está? _ preguntó con dificultad y somnoliento.
Gareth no salía de su asombro, otro milagro, su hermanito hablaba...
Lo dejó en la cama y volvió junto a la jóven.
Con delicadeza extrajo los clavos, ella no se quejó, su alma ya había partido. La sepultó bajo la sombra del frondoso tejo, el amigo que la hospedó durante tantas noches.
Pasado un tiempo, mientras aseaba la casa, debajo de una alfombra raída encontró una pluma blanca. Se acarició el rostro con ella, suave, con un penetrante aroma a almendras, la fragancia de Amarilis. Y la amó, la amó con intensidad.
"Una estrella brilló sobre la hora en que te conocí; un rayo de sol marcará la hora de nuestro reencuentro. Te espero ansioso amor misterioso y mágico".



martes, 1 de diciembre de 2015

LA PUERTA DEL AVERNO

Mi alma lóbrega se alimenta de
lágrimas de sangre.
Las sombras me cobijan,
las tinieblas me guarecen.
Sola, con mi anhelo más profundo
en este valle de inclemencias.
Ruego a las Animas del Averno
que me provean de su linfa maldita
para triunfar sobre la muerte.
Presa soy de esta ilusión,
ansiosa aguardo el día de mi Resurección.

Saaburg, Alemania. Año 1386.
La niña, con temeraria curiosidad, escucha tras la puerta de la alcoba de sus padre. Sabe que no debe oír las conversaciones de los mayores, pero tal norma le parece arbitraria y despótica. A pesar de sus doce años, ya posee una personalidad fuerte y rebelde.
Aguza el oído, su padre, el Conde, habla exaltado. Su madre está en silencio. "Ella, siempre contrita.¡Que pusilánime es!", piensa con desprecio.
Odia las normas de sumisión y respeto que las mujeres le deben a los hombres. Ella nunca se casará. Será dueña de su propio destino, jamás inclinará la cabeza ante los deseos de los hombres.
La palabra "vampiro" detiene sus elucubraciones para prestar mayor atención a su padre:
"Por fin le hemos dado caza. Su infernal ataque ha concluido. Mis leales soldados han dado con su guarida, y con extrema valentía le atravesaron el corazón con una estaca de madera como impone la tradición".
_ ¡Adela!, ¿qué haces?, ¿espiando? _ su abuela se escandaliza. La toma del brazo y se la lleva a sus aposentos.
_ Oma (abuela), no me empujes _ se queja ofendida.
_ No protestes, siéntate a mi lado y cuéntame que escuchabas con tanto interés.
_ No te lo diré_ se encapricha.
_ Si me lo cuentas, yo compartiré contigo un secreto que me pertenece y que he heredado de generaciones anteriores_ la mira sonriendo. Sabe que los secretos son la debilidad de su nieta.
Ante semejante promesa Adela no se hace rogar.
_ ¿Te has enterado del vampiro que asolaba la comarca?
_ Si, ¿acaso lo han podido matar?
La niña mueve afirmativamente la cabeza. La anciana suspira aliviada y un brillo enigmático refulge en su mirada.
_ Ahora tu secreto, Oma.
_ Lo que te voy a confiar , nadie lo sabe. Mi madre me lo confesó antes de morir. Toda mi vida traté de descifrarlo, pero no tuve éxito. Lo mismo le sucedió a mi madre y antes, a mi abuela. Pero hoy, gracias a tu noticia, comienzo a comprender...
_ ¡Oma!, no hables en acertijos, dime ya el secreto _ le exige contrariada.
_ Adela, debes aprender a ser paciente. La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces. Y justamente ese árbol esconde la solución al enigma.
_ No te entiendo.
_ A su debido tiempo lo harás. Lo único que puedo adelantarte es que el convento que se levanta entre las colinas a orillas del lago Leuckbach, guarda bajo siete llaves un códice que es dueño de una fórmula que te hará inmensamente feliz. A ti pequeña que ansías una vida independiente del poder masculino, te será concedida una enorme gracia.
_ ¡Pero allí sólo pueden entrar las mujeres que desean ser monjas!, ¡y yo no quiero!.
Una sonrisa sagaz ilumina el rostro de la anciana. "Tu curiosidad te hará desistir", piensa segura de la reacción de su nieta.
_ Recuerda este nombre, "Codex Calixtinus"...recuerda Adela...recuerda...
Una sacudida impertinente la volvió al presente.
_ ¿Recuerdas Adela? _ un vozarrón la despierta de su siesta.
_ ¿Oma? _la busca aún somnolienta.
_ ¡Que tonterías dices! Oma murió hace seis años _ le señaló intrigado su hermano mayor.
_ ¿Qué quieres?, ¿por qué me importunas? _ le recriminó de mal humor.
_ ¿Recuerdas la cita que tienes con nuestro padre en la biblioteca o ya la has olvidado? Dice que no lo hagas esperar como acostumbras. Te recomiendo que te apures, está que se lo lleva el demonio.
_ Por mí que se lo lleve de una buena vez, me haría un gran favor.
Sin embargo, baja corriendo las escaleras de piedra gris y entra jadeando en la biblioteca.
_ ¿Me mandaste llamar?_ preguntó simulando sumisión.
_ Así es. Dentro de un mes te casarás con el hijo del Conde de Luxemburgo. Eso es todo, puedes
retirarte _ ordenó tajante.
_ ¿Casarme? ¡Nunca! _ lo enfrentó con energía.
_ Entonces irás al convento. No se discute más.
En ese momento recordó las palabras de su abuela. El Codex Calixtinus..."¿Habrá sido una premonición soñar con ella después de tanto tiempo?".
_ Iré al convento.
El Conde la miró ceñudo, dio media vuelta y abandonó el recinto dejándola sola.

Monasterio de Saaburg
El día que arribó al convento se sintió inmediatamente atraída por un frondoso árbol de hojas verde oscuro y flores blancas. Reinaba gallardo en el jardín que con esmero cuidaban las monjas. Se detuvo delante de él y observó sorprendida la gran cantidad de espinas que poseían sus ramas. De repente le acometió un mareo. Unas extrañas palabras resonaron en su mente y en su corazón: "Soy tuyo y tú eres mía".
_ ¿Se encuentra bien? _ una monja, asustada por verla trastabillar, acudió en su auxilio.
_ Es la emoción por entregar mi vida al Señor_ mintió alterada y subyugada a la vez por la visión. _ ¡Que belleza! _ agregó refiriéndose al misterioso árbol.
_ No se guíe por las apariencias. Este árbol es demoníaco.
_ ¿Qué significa? _ preguntó perpleja.
_ Hace años un vampiro asesinaba niños en este condado, era tal su voracidad que los dejaba secos como las pasas de uva. Un grupo de soldados, soldados de su padre, lo mataron mientras dormía con una estaca de madera. Cuando suponíamos que nos habíamos librado del peligro, de su tumba nació un árbol, brote de la estaca que le dio muerte. Entonces, los aldeanos lo transplantaron en este santo lugar, donde nuestras oraciones son sus férreas guardianas.
La joven estiró el brazo y posó su mano sobre el tronco rugoso. Se sorprendió.
_ ¿Ha notado lo caliente que es al tacto? Incluso si hace mucho frío o cae nieve. Es como si se tratase de un cuerpo humano, de carne cálida, de vísceras palpitantes.
Adela quedó pasmada por el relato. En su mente, el rompecabezas que había iniciado su abuela comenzaba a tener sentido. Ello lo completaría.
La declaración de amor que el árbol le obsequió la acompañó hasta el interior del convento y jamás la abandonó. "Soy tuyo y tú eres mía". Ella lejos de temer, lo gozó.
Los años pasaron vertiginosamente. Perspicaz, de ingenio agudo y penetrante, fueron las cualidades que la distinguieron y ayudaron en su escalada para obtener el título de abadesa, y con el título, el poder.
Todas las mañanas paseaba por el jardín, sin importa el frío, el calor, la lluvia o la nieve; ella siempre acudía al encuentro del árbol.
El árbol la llamaba y ella respondía presurosa. Permanecía parada frente a él como en éxtasis. El árbol le proclamaba su pasión y ella la aceptaba emocionada.
Recordando el consejo de su abuela de ser paciente, esperó el momento adecuado para registrar las catacumbas en busca del documento que celosamente guardaban y que ella codiciaba.
Una tórrida noche de verano marcó el momento oportuno. Aprovechó el descanso nocturno de las monjas para adentrarse en las oscuras y húmedas criptas. La llama titilante de una vela le iluminó pobremente el trayecto.
En el exterior, azotaba una feroz tormenta. Los relámpagos empalidecían el firmamento y el sonido de los truenos poseían la capacidad de despertar a los muertos.
Adela se mantenía serena. Se movía con paso seguro por los sinuosos corredores, de vez en cuando se detenía para sacudirse las telas de araña, que insolentes se pegaban en el velo. Las ratas, siempre alertas al peligro, se apartaban respetuosas de su camino.
Al toparse con el sector que preservaba los pergaminos más selectos, rió satisfecha.
Sin sobresaltarse por los truenos que aullaban desquiciados, comenzó una metódica búsqueda.
El polvo que se levantaba al remover los papeles, la hacía toser.
Se detuvo de repente. Otra vez aquella voz penetrante, musical, dulce como el almíbar, volvía a llamarla.
"Adela te necesito, la sed me agobia. Encuentra el códice. Será mi salvación y la fuente de tu más profundo deseo".
Sintió un delicioso cosquilleo en todo el cuerpo. Esa voz la excitaba, la embriagaba.
Sorprendida vio como una fuerza guiaba su mano hasta uno de los estantes superiores. Hurgó con cuidado y allí, dentro de un un cofre de plata repujada, halló lo que buscaba: el Códice Calixtinus.
Con suma precaución llevó el magnífico cofre hasta su celda. Allí, más tranquila, comenzó a leer en latín sin dificultad. El texto estaba escrito en caracteres de gran tamaño, sobre un fondo coloreado.
Encendió otra vela para ver con mayor claridad.
"Al árbol sediento, propiedad del Leviatán, darás de beber.
Sangre fresca de virgen, por tronco y ramas debe correr cual líquido vital.
Entonces en su blancura, una gota de esa exquisita sangre hallarás.
Con ella una infusión prepararás,
un excelso brebaje que la juventud eterna te dará 
si lo tomas con asiduidad".
"¡Ay Oma!, esta es la clave de tu secreto. He resuelto el acertijo. Gracias por este inesperado regalo. Joven,  bella, fuerte por siempre. Nadie osará someterme".
Esa noche no durmió, estaba feliz y agitada por el descubrimiento. Ingeniosa, urdió un plan taimado para cristalizar el sortilegio.
A la mañana siguiente, después de laudes, ordenó a la obidenciaria, la monja encargada de los asuntos diarios, que trajera ante su presencia a las dos novicias nuevas.
Las estudió concienzudamente. Ambas eran bonitas y muy jóvenes. Una pertenecía a la aristocracia, la otra era una campesina huérfana.
Despidió a la hija del Marqués de Bamberg y comenzó a interrogar a la hija de labriegos.
"Sola, ningún familiar, una recogida, aceptada gracias a nuestra bondad. Nadie preguntara por ella cuando desaparezca. Excelente", festejó.
_ Te he elegido para una misión importante.
_ ¿A mí? _ la joven se mostró incrédula.
_ Si, a ti. Me ha sorprendido tu humildad y sencillez, y precisamente esas son las virtudes que debe reunir la persona que necesito.
_ ¿Para qué me necesita Abadesa? _ preguntó halagada.
_ Hoy, a la medianoche, debes ir al jardín y arrodillarte frente al árbol de flores blancas...
_ ¿El árbo maldito? _ se asustó.
_ Precisamente. Lleva tu libro de oraciones y reza hasta el amanecer, de esa manera someteremos sus influjos malignos. Si lo haces, te prometo que recibirás el velo de manos del Obispo Odon de Cluny el año entrante.
_ ¿Yo?, una pobre campesina no soy digna de tan gran honor.
_ Lo serás.
_ Pero Abadesa, no he ofrecido dote al convento...
_ Lo sé y lo pasaré por alto si realizas esta sublime misión. Los ángeles te han elegido.
La inocente novicia no salía de su asombro. Luego de haber vivido tantas desgracias, ahora una bendición.
Esa noche, con la luna llena de testigo, se postró , cándida y virginal delante del árbol, y rezó con devoción.
Mientras tanto Adela, para aplacar la incertidumbre, leía a Tertuliano, un Padre de la Iglesia:
"¿No sabes acaso que eres Eva?...Eres la puerta de entrada del demonio...Con que facilidad destruiste al hombre, imagen de Dios. Por la muerte que nos infligiste hasta el Hijo de Dios tuvo que morir".
_ ¡Imbécil! _ gritó furiosa arrojando el libro contra la pared _ ¡Hombres hipócritas, siempre denigrando a la mujer!, ¡malditos sean todos, junto al mismísimo Dios y a su santo Hijo, también! _ blasfemó.
Ansiosa se asomó a la ventana de su despacho que daba al jardín.
Deslumbrada, contempló la escena.
La novicia rezaba impávida, como narcotizada. Cuando dos de las ramas se movieron con lentitud y le rodearon el cuello, ella permaneció imperturbable. Las espinas se clavaron con avidez en la nívea piel y poco a poco, extrajeron toda la sangre que el desamparado cuerpo ofrecía generoso.
El cadáver quedó laxo en el césped. Segundos después se evaporizó.
_ Un problema menos _ pensó con el alma aligerada por verse libre de ocultar los despojos de la novicia.
Corrió al jardín. Buscó ansiosa la flor roja. Allí estaba, resplandeciente en el centro de un ramillete de flores blancas. La arrancó con reverencia.
Se refugió en la cocina. Las monjas seguían durmiendo. Pronto se despertarían para rezar Maitines.
Calentó agua. Con esmero preparó la infusión con los pétalos rojos. Lo bebió, delicioso, de sabor hechicero. Aspiró su perfume, excelso. Lo disfrutó.
Al instante, se sintió distinta, plena, poderosa.
Una sonrisa comenzó a nacer en sus labios hasta convertirse en una carcajada surgida de sde sus entrañas.
Buscó el espejo que llevaba escondido en el bolsillo del hábito. "Otra estúpida prohibición", bufó indignada.
Satisfecha, besó su imagen. "Aún más bella de lo que siempre fui, y así seré eternamente siempre y cuando una vez al año alimente con sangre fresca Árbol de la Vida. Y eso para mí, será un placer".




sábado, 28 de noviembre de 2015

OJOS DE GATO

"Los hombres y mujeres deambulan como si estuviesen locos y dejaban que su ganado se perdiese porque ya nadie quería preocuparse por el futuro.
El padre abandona al hijo, la mujer al marido, un hermano al otro, porque esta plaga parecía comunicarse con el aliento y la vista...Y así morían. Y no se podía encontrar a nadie que enterrase a los muertos ni por amistad ni por dinero."  ( Agnolo di Tura, testigo de la época ).

París, verano de 1350
El Marqués Bertrand Ponthie se paseaba nervioso por el gran salón de armas. Por las pequeñas ventanas entraba una brisa cálida que lo exacerbaba aún más. Esperaba con impaciencia la llegada de su dama, la bella Florentine.
El padre de la joven había muerto víctima de la peste negra y él, desesperado, la mandó buscar.
Un paje, larguirucho y tartamudo, le comunicó el arribo de la comitiva.
Con ansiedad corrió hacia el puente levadizo. La vio de lejos, bajando del carruaje, soberbia, de una elegancia exquisita. ¡Cuánto la amaba!.
Sus miradas se cruzaron comunicando una vorágine de sentimientos: amor, miedo, desolación, deseo, esperanza...
Él apuró el paso y la abrazó haciendo caso omiso de las miradas licenciosas de los pocos soldados que seguían con vida.
Con ella del brazo, se dirigieron a la torre de homenaje.
Una vez solos, Florentine se desarmó en llanto.
_ Mi padre, mi pobre padre. Ni enterrarlo pude...tus soldados me han traído casi a la rastra.
_ ¿Te han hecho daño acaso? _ se encolerizó.
_ No, no, nada de eso _ trató de calmarlo_ simplemente quise darle cristiana sepultura.
_ Hubiese sido muy peligroso que continuaras en esa casa, aquí estarás a salvo, ma petite.
_ Fue horrible. El médico lo sangró, le hizo lavativas...nada funcionó, fue espantoso. ¡Oh, Bertrand, tengo tanto miedo!Al quedarnos pocos siervos no sabía a quién pedir ayuda. ¡Hasta a mi fiel Drusila se la llevó la peste!
_ Me tienes a mí. Yo te protegeré. Nada malo sucederá, te lo prometo.
La acompañó hasta la alcoba para que descansara. La beso en los labios con delicadeza, reprimiendo su excitación.
Al cerrar la puerta la joven percibió una presencia extraña, misteriosa, que le heló la sangre.
"Son mis nervios", trató de tranquilizarse. Se acercó a la ventana, corrió la pesada cortina para permitir que entrara un poco de aire fresco. Imposible, el calor era abrumador. Se recostó e intentó dormir, pero la pesadilla la perseguía.
Cadáveres y cadáveres, unos encima de otros, pudriéndose en una gran fosa apenas tapada por unas paladas de tierra. ¡Cuántos amigos, cuántos seres queridos arrebatados por la cruel plaga!
Se despertó alarmada. Algo o alguien la observaba desde un rincón oscuro. De repente "ese algo", de un salto, se sentó sobre la cama. Florentine gritó asustada. Un gato de lustroso pelaje azabache, la miraba fijamente, como estudiándola; luego, así como llegó, desapareció.
No volvió a ver al gato hasta la cena.
Bertrand la esperaba al pie de la escalera espiral. Ella le sonrió con timidez aceptando la mano que de manera galante le ofrecía.
Con sorpresa notó que cargaba al gato negro que la había inquietado.
_ Veo que ya se conocen _ dijo el Marqués al percibir la reacción de su dama.
_ Esta mañana me dio la bienvenida en mi recámara. Te confieso que me asustó.
_ ¿Asustar Minouche?, pero si es una dulzura, es mi fiel compañera _ le aclaró con amabilidad _ Minouche, ella es Florentine, mi futura esposa. Minouche es adorable, aunque debo reconocer, un poco caprichosa y celosa. Y ahora que fueron hecha las presentaciones...¡a comer! _ dijo divertido.
El servicio doméstico era reducido, la muerte negra arrasaba especialmente entre los más humildes.
La cocinera, callada y ojerosa, sirvió los diferentes platos.
Bebieron un vino tinto de buen cuerpo. Florentine experimentó un ligero cosquilleo en la punta de la lengua que la hizo suspirar. Hacía bastante que no disfrutaba de un buen vino. "Quizás esta deliciosa bebida me relaje, la presencia de esa maldita gata me exaspera", pensó preocupada.
La voz ronca y sensual de Bertrand la sacó de sus cavilaciones.
_ La próxima semana llegará desde Avignon el sacerdote que nos casará. ¿Te hace feliz la noticia? _ preguntó ilusionado.
_ Mucho, estoy muy...
Se interrumpió cuando la gata saltó intempestivamente sobre el regazo del Marqués.
Desconcertada, observó como el felino se frotaba melosa contra el pecho del hombre. Un ronroneo, sordo y continuo, invadió la atmósfera. La gata se relamió con los suaves masajes que comenzó a prodigarle su amo.
Florentine sintió que la mirada filosa de la gata la atravesaba como una espada.
"Parece una mujer celosa", la ridícula idea penetró en su corazón. No la desechó.
_ Minouche, mira que eres mimosa _ rió Bertrand.
_ ¿Cómo es que tienes un gato? La Santa Inquisición ordenó quemar a todos en la hoguera por estar endemoniados.
Como si la afirmación de Florentine fuese un ataque para ella, Minouche brincó del regazo del Marqués a la falda de la joven, maullando salvajemente y desgarrando la tela con sus uñas.
Florentine, pasmada ante la agresión, ahogó un quejido.
_ ¿Qué le sucede a este animal?, ¿está loco? _ gritó histérica.
Bertrand se apresuró a auxiliar a su prometida.
_ Calma, Minouche, calma. No entiendo que le sucede, ella es dulce y amistosa.
_ ¡Pues conmigo no! _ se quejó dolorida por los rasguños que el felino le provocó en su ataque.
_ Es mejor que nos vayamos a descansar. Hoy ha sido un día agotador _  con gentileza le besó la mano y le acarició las arreboladas mejillas.
La gata no perdió detalle de lo que ocurría y con sigilo se escabulló del salón.
En su alcoba, Florentine respiró seguridad. El miedo acuciante que se apoderó de ella desde su llegada al castillo, lo relacionaba con la presencia enigmática de la gata.
Un golpe suave en la puerta le anunció la presencia de la doncella que la ayudaría a desembarazarse del bendito corset que la ceñía sobremanera.
_ Esta noche habrá tormenta _ la muchacha fue categórica.
_ ¿Cómo lo sabes? La noche está estrellada._ le dijo señalando la ventana abierta.
_ Lloverá, lo ha dicho Minouche.
_ ¡Como es eso! _ se alarmó. "Aquí pasa algo raro", pensó inquieta, atemorizada.
_ Hace un momento le vi pasar una de sus patas sobre la oreja derecha y eso es señal de lluvia. Sus pronósticos nunca fallan.
_ ¿Cómo se salvó Minouche de la hoguera? El dictámen de la Inquisición fue estricto.
_El amo, al conocer la orden, envió a Minouche a Fontainbleu, a una propiedad que posee en medio del campo, lejos del pueblo. Al poco tiempo, no sabemos cómo, la gata reapareció entre nosotros. Flaca y sucia, pero cuando el Marqués la llamó por su nombre, sus ojos se iluminaron y comenzó a ronronear de placer. Como el peligro de ser quemada había pasado, Minouche volvió a ocupar su sitio de privilegio en el castillo para alegría del amo. Aunque, claro, el Marqués prefiere mantenerla oculta en presencia de extraños.
_ ¿Quieres a Minouche, verdad? - tanteó.
_ Le temo, señorita. Mi abuela me contó que los ojos del gato representan las puertas del infierno. Si me permite un consejo, señorita, esté atenta. A Minouche no le agrada su presencia en el castillo.
_ ¿Por qué lo dices? _ Florentine estaba atónita, pero le creía.
_ Minouche no acostumbra trepar y acurrucarse en las camas, prefiere su almohadón que tiene cerca del sillón del amo. Sin embargo esta tarde, mientras usted recorría el jardín, sorprendí a Minouche en su cama.
_ ¿Y eso que significa? _ tembló.
_ Que su muerte se aproxima. Cada vez que sube a la cama de alguien, esa persona muere. Ya sucedió...tenga cuidado señorita.
La furia de un trueno las sorprendió. Se miraron atemorizadas. La lluvia intensa y repentina confirmó la premonición de Minouche. Esa verdad desató el caos en el espíritu desfalleciente de Florentine. "Mañana mismo huiré de este siniestro lugar", se juró.
Antes de marcharse, la doncella repitió:
_ Vigile, señorita, vigile.
Sin poder conciliar el sueño, bajo la luz de una vela, comenzó a leer el Apocalipsis de San Juan. Lejos de serenarla, la lectura la perturbó aún más. Una oración brotó de su boca, una oración pidiendo protección.
La tormenta arreciaba en el exterior, pero también en su alma.
Un ruido constante, parecido a un rasguido contra la madera, despertó su curiosidad.
Tomó el candil y salió de la habitación. Miró hacia ambos lados del largo corredor apenas iluminado por una antorcha. Nada.
Agudizó el oído, el molesto ruido continuaba. Decidió bajar la escalera. Lo hizo con prudencia. Descendió uno a uno los escalones. Llegó a la mitad, cuando divisó una llama titilante en el salón. Apuró el paso.
"Seguramente es Bertrand, le confiaré mi temor. En él puedo,debo confiar. Debemos deshacernos de esa perversa gata".
Ese pensamiento la distrajo. Apoyó mal el pie y tropezó con algo. Cayó con brusquedad golpeándose la nuca en el filo del último escalón. Murió al instante.
El escollo que ocasionó la desgracia se desperezó grácilmente. Con agilidad bajó el último tramo de la escalera, pasando con indiferencia sobre el cadáver de Florentine.
Siguió su camino hasta la biblioteca. Allí estaba Bertrand. Se había quedado dormido estudiando los documentos para la boda. Minouche pasó a su lado acariciándole las piernas con su cola , larga y sinuosa.
Luego se acomodó en su almohadón de terciopelo bermellón y comenzó a ronronear.


"Cuando tú piensas, el gato te comprende aún si tus labios no se mueven ni tu boca pronuncia palabra alguna. Él lee en ti con la mirada de los dioses".  ( Sabiduría egipcia )




martes, 24 de noviembre de 2015

CORAZÓN DE HIELO

"Se lo llevó todo y me dejó en la calle, fuera de mi propio corazón". (Roberto Obregón)


Nuevamente el despertador fue más perezoso que él. Giró somnoliento sobre la cama, buscándola. Su lugar, vacío.
"Estará preparando el desayuno", pensó ilusionado por una taza de café fuerte y amargo.
Era la tercera vez que esa semana llegaba tarde al trabajo. La reprimenda sería severa. No se preocupó, sabía que lo necesitaban.
"Una afeitada rápida", se dijo observándose con detenimiento en el espejo del baño.
Al buscar el jabón algo le llamó la atención. En una de las repisas, cerca de una pila de toallas dobladas con prolijidad, había una hoja de papel en la que resaltaba la letra de su mujer. Una carta. Curioso, la leyó.
Desde el primer renglón, su mundo se desmoronó.
Amor:
         Esta situación es insostenible. La mentira debe terminar. Hoy mismo hablaré con él.
No tolero que me toque. Cuando me besa, imagino tus labios; cuando me acaricia, imagino tus manos sobre mi piel...Vivo una constante tortura.
Ansío estar contigo, yacer contigo; con nadie más. Sueño con disfrutar de tu cuerpo centímetro a centímetro sin miedo, sin remordimientos.
Sé que la verdad lo destruirá, pero no hay alternativa. Hoy se acaba la farsa.
                                                                Tuya
Las piernas le flaquearon. Mareado por el golpe recibido, se sentó en el piso de mosaico.
"Un amante...¿cómo?, ¿cuándo?, ¿por qué?...Pensé que me amaba, que éramos felices...¿qué pasó?, ¿tan ciego soy?".
El hombre quedó abrumado, aturdido.
Con lentitud caminó hacia la cocina. Ella lo interrogó con la mirada y al descubrir la carta en la mano de él, se inquietó.
_ Pensaba decírtelo esta noche _ tartamudeó.
_ ¿Desde cuándo?
_ Bastante
_ ¿Bastante? No lo entiendo...¿en qué te fallé? _ le gritó ofuscado.
_ Me gustan las mujeres, siempre me han gustado. Por cobardía, por miedo a los prejuicios, al "qué dirán", disfracé mis sentimientos, pero ¡ya no!._ lloró.
Otro golpe inesperado, directo a su virilidad.
Todo terminó sin demasiadas palabras, sin demasiados reproches.
Quedó devastado. Se juró no involucrarse en nuevas relaciones. Ella lo dejó vacío.
Un frío intenso se apoderó de él y se sintió incapaz de volver a amar. Su corazón, de hielo.


"Si yo tuviera un corazón, escribiría mi odio sobre hielo, y esperaría a que saliera el sol".
(Gabriel García Márquez)

lunes, 23 de noviembre de 2015

ECOS DE AMOR

DOS BESOS QUE A UN TIEMPO ESTALLAN,
DOS ECOS QUE SE CONFUNDEN,
ESO SON NUESTRAS ALMAS.         ( Bécquer)

Nueva York,1968
Los prisioneros del campo de concentración, caminan con dificultad uno detrás del otro. Están flacos y cubiertos de sarna. Se les obliga a recoger madera en la selva. A menudo se caen y los guardias los golpean con la culata de sus armas...

Se despierta gritando. Desesperada enciende la luz y se tranquiliza. La misma pesadilla. Se sirve un vaso de agua y toma una decisión: hará el viaje.
Al atardecer tiene el equipaje listo. Cierra los oídos a las quejas de su madre. Nadie, absolutamente nadie la hará cambiar de opinión.
Unos días atrás, una esperanza nació en su corazón torturado luego de leer un artículo que descubrió al pie de una de las páginas del New York Times:
                                           
                                      LOS GENIOS RECIBEN DESEOS POR ESCRITO
Nueva Delhi_ Quienes quieran conocer los deseos secretos de la gente de Nueva Delhi, pueden hallarlos aquí, en súplicas pegadas a la pared de un castillo del siglo XlV, dirigida a seres sobrenaturales creados de fuego sin humo.


Quizá su tormento la impulsa a viajar hasta ese remoto país y realizar el insólito rito. La impulsa un presentimiento venturoso. Recuerdos sensuales, sensaciones embriagantes, que como deliciosos ecos de amor, bregan por la intrépida travesía.
_ Es una locura, hija, sobre todo en este difícil momento.
_ ¿Qué tiene de particular este momento?_ le responde molesta.
_ ¡Es que únicamente lees noticias ridículas!. ¿No te has enterado que la China comunista amenazó a la India?...¡Que la semana pasada probó la bomba de hidrógeno!
_ Madre, no exageres _ se harta de tanto lamento._ Lo tengo decidido, me voy.
_ Entiendo tu preocupación...
_ ¿Preocupación?, ¿preocupación?. Estoy destrozada, descarnada...El hombre que amo que lo es todo para mí, hace seis meses que partió hacia Vietnam y todavía no sé nada de él, madre, ¡nada! _ explota.
_ Y, ¿qué piensas?, que unos djinn o genios salidos de "Las Mil y una Noches" protegerán a tu marido. ¡Qué grandísima tontería!¿Por qué no lo encomiendas a Dios? No es necesario ir a la India...
_ ¿A Dios?, ¿qué Dios?. ¿Al Dios que tanto recé por la vida de mi hermano? ¿Me escuchó?, ¿escuchó tus ruegos, madre?...Entiende, te guste o no, estes de acuerdo o no, ¡lo haré!
Se despide con un beso rápido. La madre la ve partir tras una utopía, tras una ilusión y llora por el dolor de su hija.
Al llegar a su destino, la joven no pierde tiempo. Detiene un taxi modelo Ambassador, y le pide que la lleve hasta el castillo Firoz Sha Kotla. El conductor asiente y sonríe. "No se preocupe señorita, los djinn leen a gran velocidad. Su deseo será atendido".
Ella recién comprende la extraña frase del taxista cuando avista el castillo. No da crédito a lo que ve. Las paredes del edificio están inundadas de papeles. Todas peticiones.
"Oh, Allah, mi alma desespera. ¡Que mi amado vuelva a mí!", escribe con rapidez y letra clara.
Lo pega sobre otro papel y regresa al hotel aliviada.
Una semana después, ya en Nueva York, recibe un telegrama del Gobierno.
"El teniente Stevens, herido en acción y tomado prisionero en Hanoi, ha sido liberado y retorna a su hogar en breve."
Lágrimas de alegría bailan en su rostro : "Nada de lo que hice fue en vano. Mi viaje resultó mágico".

"Lanza primero tu corazón y tu caballo saltará el obstáculo. Muchos desfallecen ante el obstáculo. Son los que no han lanzado primero el corazón" (Noel Clarasó)




sábado, 21 de noviembre de 2015

CUERVO, HERALDO DE LA MUERTE

Los círculos del ocultismo hablan sobre la participación del cuervo como un guía de las almas de los muertos al otro mundo. Sin embargo, existen ocasiones donde el fallecido pereció injustamente o no era su tiempo de morir. Entonces, el alma que no puede descansar, regresa para reparar el daño sufrido, y lo hace bajo la apariencia de un CUERVO.



Año 1700. En un misterioso castillo medieval de estilo gótico, se celebra una boda.
El Conde, famoso por su carácter posesivo, desposa a una joven y hermosa dama, que tras el velo de encaje sufre su quebranto, añora el amor perdido, añora al dueño de su corazón.
Por una absurda imposición paterna debe encadenar su vida a un hombre que teme y detesta.
El banquete concluye. El Conde le toma la mano con cortesía y perturbado por el deseo, la conduce a la alcoba conyugal.
Ella, con diplomacia, intenta retrasar el momento; pero él se opone, se envara por la resistencia de la dama.
Furioso, la arroja sobre el mullido tálamo, testigo silencioso del vendaval de violencia que se desata.
Ciego de cólera y pasión, desgarra sedas y brocados hasta llegar a la nívea piel, que por largo tiempo codició y que hoy le pertenece.
La penetra sin contemplaciones y el secreto de la mujer se revela. No es el primero.
Fuera de sí, aprieta con virulencia el delicado cuello provocando la muerte.
Con asco se aleja del cadáver. Se sirve una copa de vino añejo. Compara el color del líquido que está bebiendo con el morado del rostro de la joven y ríe desquiciado.
Con fría serenidad , llama a sus dos sirvientes de confianza. Les ordena que se deshagan del cuerpo. Pasmados, obedecen sin preguntas.
A la mañana siguiente, el Conde convoca al padre de su esposa. Indignado, le comunica la triste noticia.
_¡Maldito! Nunca imaginé semejante engaño _ vocifera.
El anciano, pálido como la luz de la luna, está desconcertado.
_ No entiendo, ¿cuál engaño?
_ Tú tonta hija no soportó mis embates, por cierto, gentiles, como corresponde a un caballero y murió entre mis brazos.
_ ¿Cómo es posible? _ llora el padre.
_ El médico me ha dicho que su corazón no ha resistido, que siempre ha sido muy débil.
_ ¡Mentira!, es una vil calumnia, mi hija no padecía...
El pobre hombre calla ante la mirada asesina del Conde. Sabe que no debe contradecir sus dichos, sino, la muerte, como la espada de Damócles, penderá sobre su cabeza.
Se suceden las estaciones: otoño...invierno... En los albores de la primavera, los campesinos se alarman ante una plaga de cuervos que asola sus sembradíos.
Temen ante esta siniestra presencia que anuncia desgracias. Para ellos el cuervo es el heraldo de la muerte.
Una noche de luna llena, uno de los cuervos alcanza la ventana del dormitorio del Conde.
Lo contempla, lo horada con odio.
El Conde duerme profundamente.
Con un suave batir de alas se apoya sobre el prominente abdomen de su presa. El hombre abre los ojos repentinamente y ahoga un grito. El cuervo se abalanza sobre el rostro y le extirpa los ojos, lo destroza con ira.
Mientras se desangra, escucha la voz, dulce y melodiosa de su víctima:
"He vuelto por ti, para vengar mi muerte...Ahora puedo descansar en paz".


Aún con tu cresta cercenada y mocha _ le dije_
no serás un cobarde,
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la rivera nocturna.
¡Dime cual es tu nombre!
Y el cuervo dijo: "Nunca más".  ( Edgar Allan Poe )






jueves, 19 de noviembre de 2015

NUEVE LUNAS

Esa noche se amaron con intensidad, como hacía mucho tiempo que no lo hacían.
Hasta la luna, que curiosa los observaba a través de las cortinas de gasa, se ruborizó por la vehemencia de los amantes.
Exhausta, se durmió entre sus brazos; mientras el encendía un cigarrillo.
Una tormenta de recuerdos lo abrumó, lo emocionó...Aún tenía grabado a fuego en la memoria y en el corazón el momento en que la conoció.
Bonita y distante. Su mirada azul lo sedujo; su sencillez, lo atrajo; su sonrisa franca, lo deslumbró y su cuerpo...¡ay, su cuerpo!, sinuoso, ondulante, un laberinto de placeres escondidos...lo ofuscó.
Con pasión, recorrió las curvas de su mujer que continuaba dormida, satisfecha.
Aplastó la colilla en el cenicero que guardaba en el cajón de su mesita de luz. A ella le desagradaba su vicio, aunque no se quejaba cuando fumaba después de hacer el amor.
Tendría que renunciar a esa costumbre, y lo haría con gusto.
Ese día ella lo conmocionó. La noticia lo sacudió; luego de tanta espera, de tanto tratamiento infructuoso...
El sueño que turbó su felicidad, ahora la iluminaba.
Padres...¡Que bella palabra!
Una realidad que se empecinó en ser esquiva y que ahora se cristalizaba con la potencia de un volcán de sentimientos.
Una lágrima furtiva escapó de su rostro y cayó, insolente, sobre el cabello ensortijado de ella.
Una lágrima...una esperanza...un hijo, sello perfecto para el más perfecto pacto de amor.