jueves, 17 de marzo de 2016

ONIRICO

El día infausto, el día que vivió su peor experiencia onírica, amaneció cubierto de nubarrones. Presagio, quizás, de una fatalidad que se gestaba en una mente diabólica.
Como de costumbre, no desayunó, apenas un té tibio. Tomó sus libros y desganada se dirigió al colegio. Cursaba el último año del ciclo primario. En el recreo, compartió conversaciones atrevidas con sus compañeras; todas ellas despertaban al sexo. El tema las emocionaba y excitaba.
Sin embargo, un sentimiento de congoja le asfixiaba el alma. "¿Qué me ocurre?", se preguntó la niña desconcertada. Nunca antes le había sucedido.
Regresó a su casa sin poder liberarse de esa sensación agobiante. Durante el almuerzo, la conversación con su madre fue breve y concisa. La relación pasaba por un momento crítico. Nadie la comprendía, menos su madre.
Se encerró en su dormitorio, amaba aquella soledad que era su hábitat. Se perdió en la lectura de una novela policial negra. Las manecillas del reloj giraron intrépidamente. La noche la sorprendió con una visita inesperada : su tía más querida., la única que la comprendía y escuchaba sin ofrecer consejos moralistas.
El ánimo de la niña cambió, el sabor amargo que la persiguió durante toda la jornada, se diluyó.
La familia pasó un momento ameno, distendido, disfrutando de la cena; aunque un halo de pesadumbre envolvía a su tía. La niña presintió que aquello era una despedida. Inmediatamente la hiel regresó a su paladar.
Al finalizar ese día extraño, recordó una frase de su madre que le erizó la piel. "Algo raro le sucede a mi hermana. Hace tiempo que la noto triste, perdida en sus pensamientos. Presiento que el marido es el nudo del problema. Nunca me gustó ese tipo".
Se durmió con el alma inquieta.
"Corro por un sendero. El calor y la opresión debido a la tormenta que no resuelve desatarse, acelera mi respiración. Los latidos del corazón me ensordecen. Corro desesperada alejándome de una escena atroz, sanguinaria. Me resisto a volver la vista hacia atrás, la presión es intolerable, el miedo nubla mi discernimiento. Sólo atino a correr, escapar. Siento mis manos pegajosas, las observo extasiada...sangre. ¿De quién? ¡Oh, sí! ya recuerdo...¡de ella! El aullido de un lobo me provoca espasmos de pánico. El terror me acorrala. ¡Auxilio! Nadie escucha, estoy perdida..."
La niña despiertó bañada en sudor, su boca preñada de un grito: "¡Madre!".
Los aullidos de lobo se transformaron en ladridos desaforados. "¿Continúo soñando?", se preguntó tratando de sofocar el temblor de su cuerpo.
Un lamento lascerante, seguido de un llanto amargo, la sobresaltó. "No es una pesadilla, esto es realidad", se quebró.
Corrió, como en su sueño, hasta la habitación de sus padres. Allí su madre estaba sumergida en un ataque de histeria. Su padre, desorientado, caminaba de un lado al otro en sepulcral silencio.
Con inusitada valentía se desembarazó del nudo en la garganta que la estrangulaba y preguntó: "¿Es la tía, no?", aún hoy no se explica como lo supo.
"La mató, el maldito la mató. Le aplastó la cabeza con un martillo", escupió la madre, "la encontraron en un charco de sangre".
"Sangre, ¿de quién?. ¡Oh,sí!, ya recuerdo...¡de ella!"
El presagio le llegó desde la oscuridad y hacia la oscuridad escapó.

NOS PROMETIERON QUE LOS SUEÑOS PODRÍAN VOLVERSE REALIDAD. PERO SE LES OLVIDÓ MENCIONAR QUE LAS PESADILLAS TAMBIÉN SON SUEÑOS.
Oscar Wilde

1 comentario:

  1. Como siempre genial, detallado perfecta y limpiamente con el toque de suspenso que sabes mantener durante todo el relato. Me encantó. Un beso.

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